ESCUELA NACIONAL DE BELLAS ARTES

FICHA DE IDENTIFICACIÓN


Datos generales:
Dirección:
Uso actual:
Propietario:
Área del terreno:
Área construida:
Área techada:
Estilo arquitectónico:


Información técnica
Estado de conservación:
Sistema estructural:
Estado de instalaciones:
Amenaza de destrucción:
Tugurizado:
Saneamiento legal:
Declarado monumento:


Datos Históricos
Autor:
Construcción:
Uso original:
Intervenciones:
Propietario original:
Otros usos en su historia:


Contactos:
Persona de contacto 1
Persona de contacto 2


TEXTOS DESCRIPTIVOS


Descripción:


Historia


Estado actual


Proyectos:


Bibliografía:


PROPUESTA ERL

Limalaunica.pe


Se designó como primer Director de la flamante Escuela Nacional de Bellas Artes a Daniel Hernández Morillo, extraordinario pintor huancavelicano que realizaba una destacada y lucrativa carrera en Europa, pero que, realizando sacrificios personales, decidió hacerse cargo de esta nueva institución. Una de sus primeras tareas, por supuesto, fue la búsqueda de un local idóneo para la Escuela. Se escogió al llamado Convento de Recogidas, que por aquel entonces albergaba a un grupo de monjas de la Orden Franciscana. Este local, ubicado en la antigua calle Colegio Real, sexta cuadra del jirón Ancash, era propiedad del Estado, administrado por la Beneficencia, por tanto, se realizaron las gestiones pertinentes para el desalojo de las monjas, a quienes se les entregó 1000 Libras de Oro para que se instalen en otro alojamiento. Se encargó a los arquitectos Rafael Marquina y Alfonso G. Gayoso la adecuación del espacio para el nuevo uso. Finalmente, la tarde del 15 de abril de 1919 se inauguró la flamante Escuela, con asistencia del Presidente Pardo y sus ministros de estado. El discurso inaugural fue de Daniel Hernández.


Un gran cambio que experimentó el edificio fue en su fachada, cuando en 1924 se encargó al Arquitecto español Manuel Piqueras Cotolí la construcción de ésta en un estilo llamado Neoperuano, acaso de algún modo en su suntuosidad buscando recrear la grandeza que debió haber tenido este edificio en el pasado.


Cuando Juan Manuel Ugarte Eléspuru fue Director de la Escuela (entre 1956 y 1973), se emprendió la restauración de algunos ambientes. Al hacer excavaciones en el piso de uno de los patios -el llamado Patio de las Monjas-, se descubrió a un metro de profundidad unos hermosos trozos de pisos de lajas. No se siguió excavando porque todo lo demás era detrito o desmonte apisonado de los antiguos terremotos que dejaron en ruina el edificio en el pasado. Asimismo, menciona que se habilitó un ambiente a la derecha de la escalera a los altos desde el antiguo claustro, que se designó como el Centro de Estudiantes. A la izquierda de la escalera, había un ambiente que nadie quiso ocuparlo pues fue el mortuorio en el tiempo del beaterio.


La Escuela cumple 100 años, la ocupación del edificio el año 2019 también será centenario, pero como hemos visto mucha historia ha pasado por esos ambientes, por sus pasajes y claustros. Y es que esa es la historia de Lima, una sucesión de ocupaciones, de personas, de instituciones, de sucesos buenos y catastróficos, historias de conspiraciones, de piedad religiosa, de niñas aprendiendo las primeras letras, y de la mejor inspiración que ha caracterizado a nuestros artistas en tan antiguo local.
Texto: David Pino

Ensabap.edu.pe


Hace unos meses, el Área de Patrimonio Artístico y Cultural realizó trabajos de conservación del frontis de la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú, diseñado y construido por el arquitecto y escultor español Manuel Piqueras Cotolí en 1924, a pedido de Daniel Hernández Morillo, primer director general de esta institución. Una joya arquitectónica poco conocida, ubicada en la cuadra seis del jirón Ancash en el Centro Histórico de Lima.

Joya arquitectónica de estilo neoperuano   

 
Manuel Piqueras Cotolí diseñó el frontis de Bellas Artes, combinando elementos prehispánicos con elementos del barroco español, características del denominado estilo neoperuano: por ello, lo consideraba “como un intento preliminar de formular una nueva arquitectura peruana” (García 2003: 124). Así, según Juan Manuel Ugarte Eléspuru, “Piqueras Cotolí levantó una estructura en la cual lo barroco español y la majestad de lo indígena se entrelazan para crear un conjunto severo que tiene en su prestancia sólida y elegante poca relación con el grácil espíritu monástico español y a la barroqueña grandeza de la arquitectura incaica.” (Ugarte Eléspuru 1970).


Entre los elementos que componen la portada, resaltan las figuras antropomorfas y míticas, como Wiracocha, el dios del báculo, cuya cabeza está sostenida por el Escudo Nacional de nuestro país en lo alto de la entrada a la Escuela. Las reminiscencias a las culturas Chavín y Tiahuanaco también están presentes en toda la fachada, aunque especialmente en el frontis; así, se puede apreciar en la puerta cuatro columnas decoradas con figuras de serpientes, felinos, flores y antropomorfas.


La iconografía indígena constituye en gran parte la ornamentación de la fachada, como su contorno que está enmarcado por la figura de una serpiente que se extiende desde la puerta principal hasta los extremos del frontis, así como las figuras geométricas. Según García Bryce “el juego de simetrías y asimetrías, de énfasis y vacíos contrastantes, constituye uno de los atractivos de esta original fachada, que se distingue también por el acertado uso de los materiales: el ladrillo y el cuarzo (que sustituye a la piedra), que lucen sus colores cálidos y sus texturas rugosas” (García 2003: 122).

  • Negro Facebook Icono
  • Negro del icono de Instagram
  • Negro Twitter Icono